En estos momentos puede ser que estés sufriendo debido a las condiciones de pobreza que te encuentras, o por estar desempleado. Otros puede que estén siendo probados por enfermedades. Sin embargo, cualquiera que sea el caso, Dios puede estar usando estas pruebas y sufrimientos para exponer el espíritu de murmuración y quejas en nosotros. A Dios no le agradan las murmuraciones o las quejas.
De hecho, permitió a Israel toda clase de opresiones por cuarenta años porque el pueblo se había convertido en un murmurador habitual. Y su opresión podía atribuirse a su lengua. El Señor nos advierte hoy: “Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.” (1 Corintios 10:10).
La murmuración comienza en nuestros pensamientos - pensamientos de descontento, de ser maltratado por el Señor, de no ser comprendido por el pueblo de Dios. Usualmente, comienza por la falta de respeto hacia aquellos que son llamados por el Señor, ungidos por el Espíritu Santo.
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